• Cascanueces

A primera vista

Solo una mirada entrenada y mucho oficio son capaces de dar con el encaje perfecto

Periódicamente, las personas que nos ocupamos de la comunicación (mayormente digital) de las tiendas Cascanueces, nos reunimos para comentar asuntos diversos. Son momentos agradables en torno a un café que, a poco que nos dejemos llevar, puede desencadenar un imprevisible brainstorm. Durante el último encuentro, por poner un ejemplo, reflexionábamos en voz alta sobre la asombrosa pericia de algunas vendedoras para, con una simple mirada, intuir la prenda que mejor se adaptará al cliente que entra en la tienda. Solo un profundo conocimiento del oficio, que incluye entre otras materias psicología, anatomía y un riguroso control mental del stock (modelos, tallas, colores...), y esa maravillosa intuición que tan bien saben utilizar quienes conocen bien el valor del tiempo, permiten que se obre el pequeño milagro: atender con educación pero sin servilismo; ser afable sin caer en la indeseada camaradería; ofrecer siempre al cliente aquello que de verdad necesita, ponerse en su piel... Todos aquellos atributos que hacen, en fin, del trabajo de atender al público un verdadero arte y uno de los oficios más difíciles que existen, pues el objetivo que se persigue no es solo el hecho de vender puntualmente un artículo, sino de fidelizar a una persona con un lugar donde se siente cómodo cuando decide gastar su dinero. Ni más, ni menos.


Estas reflexiones nos llevaron a recordar, de forma un tanto aleatoria, la película "El hilo invisible" (2017, Paul Thomas Anderson), ambientada en el exquisito Londres de posguerra de 1950, donde triunfaba un modisto de los de antes, Reynolds Woodcock, interpretado de forma magistral por Daniel Day-Lewis. Los tiempos han cambiado, y es muy posible que talleres y oficios como el que nos presenta la película hayan evolucionado, aunque el auge de las alfombras rojas y los photocalls, de las entregas premios y de las celebrities permite que la exclusividad en el vestir (basada más en el poderío económico que en el buen gusto, todo hay que decirlo) siga alimentando a no pocas familias. Sin embargo, más allá de las tortuosas tramas y subtramas que nos presentaba la fascinante película del tándem Anderson/Day-Lewis, también se mostraba al espectador esa filosofía del trabajo bien hecho, y la intuición que se sustenta en tan profundo y difícil oficio como es vestir, y así revestir de dignidad, a otro ser humano.