• Teresa Ramos

Battiato

Esta semana se fue el artista multidisciplinar Franco Battiato aunque, en realidad, empezó a irse en 2017.


El dulce malestar tras un Adiós.


Nada que escriba podrá sumar a todo lo escrito sobre su obra, ni tampoco al legado que ha dejado, mezcla de intelectualidad, filosofía, arte, cultura y misticismo. Sin embargo escribo éstas palabras para mí, para sacar de mis entrañas el enorme agradecimiento por haberle conocido, por haber coincidido en este extraño espacio-tiempo. Desde los 15 años me ha acompañado a diario; una de las referencias más importantes en mi vida, un papá, un amigo, un compañero de vida, un enamorado. Su arte conquistó mi corazón.


Toda investigación es poca en su larga y fascinante trayectoria como artista, y en su búsqueda de la trascendencia. Música experimental, música 'ligera' con fusiones de punk , óperas, rock progresivo emergiendo de las profundidades, piano y Fleurs, conversaciones sobre actitudes místicas, colaboraciones con artistas de su tiempo, palabras mágicas y testamentos, cine e imágenes de mirada personal y en su pintura firmada con el pseudónimo de Süphan Barzani. “Recorrimos juntos las vías que llevan a la esencia” (fragmento de la canción "La Cura", 1996).


“Cuando quiero mirar al cielo escucho a Battiato”. Y entonces se hace cercano, por eso permíteme que te tutee. Te echo de menos desde tu retirada, y aunque bien es cierto que siempre tendremos tu obra, lo que ya no está es tu buscar diario, que solo da la juguetona materia que plasma las búsquedas en encuentros de arte.

Y ahí, en ese espacio, en ese instante de ilusión de escuchar, ver y sentir tus nuevas creaciones, en la ilusión de esperar, ¿qué me quieres transmitir?, en ese instante que recorren mariposas en el estómago de pura emoción, hoy recuerdo todas y cada una de tus sorpresas. Y, como si fuera un sueño, te escucho cantando la versión de "Ani Choying Drolma" del Great compassion mantra, como en la canción "Il Sogno" (Fragmento 4 de la Ópera Telesio, 2.011) junto a tu amigo Manlio con quien te estarás encontrando.


Grazie infinite per la tua Bellezza.


En la canción de “Mesopotamia” (1989), haces una pregunta que solo tú puedes responder, tal vez ahora sea tu momento:


"Sabes, cuanto más viejo te haces, afloran recuerdos muy lejanos,

como si fuera ayer, me veo en los brazos de mi madre

y siento aún los tiernos comentarios de mi padre,

comidas de domingos en familia, las ganas de un deseo irracional,

primeros pasos, risas y dolores.

La primera gota blanca que impresión y qué placer extraño

y un enamoramiento sin sentido, por ley natural a aquella edad,

primer acorde de un órgano de iglesia en la sacristía

y un dogmático respeto hacia las instituciones.

¿Qué cosa quedará de mí, del tránsito terrenal?

¿De todas las impresiones que tengo en esta vida?

Me gusta el pensamiento radical,

la muerte consciente que se autoimpuso Sócrates,

la misteriosa y única desaparición de Majorana,

la vida cínica e interesante de Landolfi, opuesto pero cerca de un monje birmano

o la misantropía celestial en Benedetti Michelangeli.

Yo también mirándome vivo desde milenios,

y vengo directo de la alta cultura de los sumerios,

del arte cuneiforme de los escribas y duermo siempre dentro de un saco,

porque no quiero perder el contacto con la tierra.

El valle entre los dos ríos de Mesopotamia, que vió en sus orillas a Isaac de Nínive

¿Qué cosa quedará de mí, del tránsito terrenal?

¿De todas las impresiones que tengo en esta vida?"




(Imagen de la "Storia della musica leggera italiana illustrata " - Vincenzo Giordano)