• Teresa Ramos

Bosque de Invierno



Durante el invierno hay una semana al año que el Bosque está en silencio, quieto, esperando, dormido, inerte.

En estos días, el Bosque emite una luz especial, luz de hacer lo que se tiene que hacer, luz de una inteligencia vegetativa, luz de luz.

Esta apreciación es fruto de la observación durante los años vividos dentro del bosque. Cualquiera de nosotros lo sabemos, bien porque dejamos abierta la percepción a “lo natural” o bien porque “lo natural” te encuentra. Y ésta observación durante un instante quiso convertirse en vivencia, por lo que inconsciente, aunque se pierda su memoria en el día a día, siempre llega un momento que “lo natural” lo recuerda. Naturaleza dentro de la naturaleza.

Este acontecimiento surge en el mes de enero, y no siempre es la misma semana. Y en el afán de seguir haciendo una “vida normal”, hay una fuerza que lo impide. Imaginemos por un momento que en la sabiduría vegetativa del Bosque, como en la del respirar, se sabe sin saber que hay un tiempo en el que se debe guardar quietud, donde el gasto de energía debe ser cuidado para florecer sanos en la primavera y brotar con fuerza. Tal vez en las leyes de la naturaleza esa fuerza del brotar, antes deba ser puesta a disposición de un orden invisible.

Y sabiendo sin saber podría suceder que aunque no siempre se pueda seguir a “lo natural” de un modo estricto, al menos el silencio del Bosque de invierno continúa resonando dentro.


Grabación sonora de un bosque de robles en enero. Comarca de la Vera (Cáceres):