• José Ignacio Delgado

Canciones Eternas

Romance de Curro "El Palmo":

Versión original: Joan Manuel Serrat ("Para vivir", 1974)

Versión Antonio Vega ("Serrat... eres único!",1995)


Habrá quien coincida conmigo en que la caída en el abismo del desamor es una de las experiencias más intensas y desoladoras que puede experimentar el ser humano en su paso por este mundo. Desde que a algún trovador errante se le ocurriera 'empatizar' con su público mediante la narración de un romance imposible, el amor no correspondido es combustible inagotable para poetas, cantantes, cineastas, autores teatrales... de toda época y condición.


Así debió entenderlo Joan Manuel Serrat, creador de algunos de los más bellas canciones en lengua castellana, cuando escribió su "Romance de Curro 'El Palmo'". La historia de amor-desamor entre un pretendiente "que no hizo la mili por no dar la talla" y una vampiresa sin escrúpulos no es nueva. Quién sabe si el Noi del Poble Sec se inspiró en la película "Freaks" (1931) y yo, desde luego, no se lo reprocharía. Sin embargo, el Curro de Serrat no trabajaba en un circo sino en un tablao, de ahí el ambiente 'coplero' que envuelve la narración, irónico retrato costumbrista de la España de posguerra al que un estribillo genial convierte en obra maestra.


Años más tarde, a alguien se le ocurrió que sería una estupenda idea publicar un álbum de homenaje a Joan Manuel. Mi opinión es que este tipo de inventos solo sirve para hacer caja y elevar el caché de algunos artistas que siempre podrán presumir de haber 'versionado' a un genio (dejemos para otro día los discos de 'duetos', tan patéticos) El recopilatorio, en efecto, es perfectamente prescindible salvo por la lectura elegante y sensible que del 'Romance' hizo Antonio Vega. Y es que donde Serrat, como se ha dicho, narra su historia desde una cierta distancia entre tierna e irónica, Antonio cruza la línea y se pone decididamente en la piel doliente de 'El Palmo'. Buen conocedor de las tristezas abisales, consigue algo tan difícil como hacer suya esa epopeya minúscula pero al tiempo grandiosa, a lo que contribuye un estupendo arreglo musical que elude casi completamente las referencias folclóricas (salvo el detalle de las palmas en el estribillo final, con todo el sentido). Todo ello, a mi entender, confiere a la interpretación de Antonio Vega un viso de 'credibilidad' que mueve inevitablemente a la emoción.


Nadie dude que volveré a incluir en este subjetivo listado de canciones eternas alguna otra de las compuso el Maestro Serrat. Es una promesa de obligado cumplimiento que hago, solemnemente, a los cuatro gatos que pululan por estas nuestras ciudades invisibles. "Lucía", "La mujer que yo quiero", "Barquito de papel", "La Saeta"...; y es que el problema con el Noi es escoger una entre tantas de sus maravillas. Sin embargo permítanme que hoy, a la hora de hablar del Romance de Curro el Palmo, equipare al original la bellísima versión de Antonio Vega.






































La vida y la muerte

bordada en la boca

tenía Merceditas

la del guardarropa.

La del guardarropa

del tablao de «El Lacio»,

un gitano falso,

ex-bufón de palacio.

Alcahuete noble,

que -al oir los tiros-,

recogió sus capas

y se pegó el piro.

Se acabó el jaleo,

y el racionamiento

le llenó el bolsillo,

y montó este invento,

en donde «El Palmo»

lloró cantando…

Ay, mi amor,

sin tí no entiendo el despertar.

Ay, mi amor,

sin tí mi cama es ancha.

Ay, mi amor

que me desvela la verdad…

Entre tú y yo, la soledad

y un manojillo de escarcha.

Mil veces le pide

– y mil veces que «nones» –

de compartir sueños

cama y macarrones.

Le dice, burlona:

» Carita gitana,

¿Cómo hacer buen vino

de una cepa enana?»

Y Curro se muerde

los labios y calla,

pues no hizo la mili

por no dar la talla.

Y quien calla, otorga,

como dice el dicho…

Y Curro se muere

por ese mal bicho.

Ay! Quien fuese abrigo,

para andar contigo.

Ay, mi amor,

sin tí no entiendo el despertar.

Ay, mi amor,

sin tí mi cama es ancha.

Ay, mi amor

que me desvela la verdad…

Entre tú y yo, la soledad

y un manojillo de escarcha.

Buscando el olvido

se dio a la bebida,

al mus, las quinielas…

Y en horas perdidas

se leyó enterito

a Don Marcial Lafuente

por no ir tras su paso

como un penitente.

Y una noche, mientras

palmeaba «farrucas»,

se escapó Mercedes

con un «cura-pupas»

de clínica propia

y Rolls de contrabando.

Y, entre palma y palma,

Curro fue palmando

entre cantares

por soleares.

Ay, mi amor,

sin tí no entiendo el despertar.

Ay, mi amor,

sin tí mi cama es ancha.

Ay, mi amor

que me desvela la verdad…

Entre tú y yo, la soledad

y un manojillo de escarcha.

Quizás fue la pena

o la falta de hierro.

El caso es que un día

nos tocó ir de entierro.

Pésames y flores,

y dos lagrimitas

que soltó la Patro

al cerrar la cajita…

A mano derecha,

según se va al cielo,

veréis un tablao

que montó Frascuelo,

donde,por las noches,

pa las buenas almas,

el Currito «El Palmo»

sigue dando palmas.

Canta sus males

por «celestiales»:

Ay, mi amor,

sin tí no entiendo el despertar.

Ay, mi amor,

sin tí mi cama es ancha.

Ay, mi amor

que me desvela la verdad…

Entre tú y yo, la soledad

y un manojillo de escarcha.