• José Ignacio Delgado

"Dune" y el cine (III)

El loco (e imposible) proyecto de Alejandro Jodorowsky.


En dos entradas previas he esbozado mi impresión sobre las dos adaptaciones al cine de la gran novela-río de F. Herbert: por un lado, la fascinante 'chapuza' que perpetró David Lynch; por el otro, la primera entrega (perfecta en las formas, acaso no tanto en la transmisión de emociones) de la saga que en los próximos años firmará Denis Villeneuve. Dejo aparte algunos intentos realizados para televisión, pues considero que la 'caja tonta' no es un formato adecuado para transmitir la épica de tan desmesurada historia. No obstante, el actual trasvase de talento de uno a otro medio así como el imparable avance tecnológico bien podría propiciar una más que digna serie por capítulos.


La tercera y última parada de este fascinante (al menos para quien esto escribe) viaje, nos acerca no tanto al confortable territorio de lo ya conocido, como a los ignotos paisajes de 'lo que pudo ser'. Aquel alocado proyecto que Alejandro Jodorowsky (1929, Chile) quiso poner en marcha en la década de los 70, estaba llamado a convertirse, con permiso de la también frustrada "Napoleón" de Kubrik, la más monumental película jamás realizada, concitando a su alrededor a los más destacados artistas de su época. En el apartado visual, nada menos que Moebius y H.R. Giger (anticipando ya la futura estética de Alien). Para los efectos especiales se contaría con el mítico Dan O'Bannon. La banda sonora estaría a cargo de Pink Floyd. Y, entre el reparto (Mick Jagger, Orson Welles...) destacaría la presencia del mismísimo Salvador Dalí como emperador de la galaxia quien, entre otras condiciones, exigió como trono imperial un retrete construido con dos delfines intersecados y 100.000 dólares por hora de trabajo (es obligado decir que ambos requerimientos fueron inicialmente aceptados por el director). Solo estos datos dan una idea de la quimérica aventura, cuyo presupuesto estimado nunca se ha conocido, acaso porque Jodorowsky planeaba una cinta de 12 horas de duración cuyo visionado debía producir un efecto similar al del LSD, con elementos tan sugerentes como animales-máquina, mecanismos del alma, naves-vientre, antecámaras para renacer en otras dimensiones, naves-prostituta impulsadas por el semen de eyaculaciones apasionadas, ornitópteros-colibríes para sorber el antiguo néctar de las estrellas enanas que dan el jugo de la eternidad, por citar algunos ejemplos.


De aquel sueño imposible de trasladar al 'mundo real' quedó un story-board con cientos de increíbles imágenes e ideas, y un documental donde el propio Jodorowsky, con desarmante entusiasmo, explica algunos pormenores de su megalómano proyecto. Hoy, el polifacético artista, pensador, escritor, sanador, cineasta, conferenciante y filósofo, acumula más de noventa años. Entre otras ocupaciones (su currículo compone un inacabable índice de obras), lee el tarot semanalmente en un café parisino. Los aficionados al cine, a la ciencia-ficción y a todas las formas de arte, seguiremos conformándonos con atisbar apenas su visión. No es mal destino para una película que jamás se pudo rodar.