• José Ignacio Delgado

Esa inquietante sonrisa

En recuerdo de Ray Liotta

No tengo motivo para pensar que Ray no fuera un tipo excelente, ni tampoco me interesa navegar por Internet en busca de 'contraste'. Por lo que a mí concierne, el legado del artista (cuando realmente lo es) debe ser valorado más allá de la opinión que merezca la persona. En este tiempo en que todo ha de pasar, obligatoriamente, por el filtro censor de las RRSS para ajustarse a lo políticamente correcto ¿asistiremos a la 'cancelación' de Picasso ya que abundan los testimonios de que en la intimidad era poco menos que un sátrapa manipulador, machista y no sé qué más...? Qué lúcido fue A. Huxley al anticipar, ¡hace 90 años!, el tipo de sociedad en la que viviríamos, y qué peligroso es el juego de los nuevos inquisidores...


Es por ello que, para recordar al gran Ray Liotta (o a cualquier otro) ahora que se acaba de ir, paso de saber si fue o no un buen chico en la vida real. Y desde esa dimensión de lo puramente artístico, me reafirmo en la opinión de que fue un actor sensacional. Los hay que nacen tocados por una belleza inhumana, como le ocurría a Paul Newman; en él se conjugaban casi los dones de los dioses, incluido el talento. No tanto a otros brangelinos o nespressos varios que, siendo guapos (muy guapos) construyen su carrera como una contínua reválida de sus presuntas capacidades. Acordaremos que tal vez Venus no fue especialmente pródiga con Ray, si bien le dotó de buena planta y un par de 'mesmerizantes' ojos azules. Sin embargo, alguna otra deidad (acaso Marte) quiso regalarle con un arma poderosa para que el chaval consiguiese destacar en la gran pantalla: una mefistofélica sonrisa, cuyo peculiar trazo era capaz de remover algo profundo en el espectador. Pienso, mientras escribo estas lineas, en el paradigma de sonrisa seductora que fue Robert Redford: todo el mundo ansiaba el momento clave en que el astro decidía desplegar, como una suerte de amanecer deslumbrante, aquel gesto definitivo y vencedor. Liotta es el reverso de la moneda, pues su sonrisa de hielo solía presagiar algún nefasto acontecimiento. Fue inolvidable su interpretación en "Goodfellas". Posiblemente nadie como él ha sabido transmitir la abismal complejidad con que se debe abordar, para salirse del cliché o la simple caricatura, el verdadero rostro del mal. Recuerdo también la comedia negra "Something wild", donde su aparición en el tramo final da un giro tenebroso a la historia. En "Unlawful entry" compuso un perfecto psicópata que latía tras el pulcro uniforme de un policía de Los Ángeles. "Copland", "Narc", "Identity"..., daba igual que sus maravillosos villanos casi nunca salieran bien parados (la moralina en el cine de masas así lo dicta)...; pero al menos tuvo el privilegio de que, en "Hannibal", el mismísimo Doctor Lecter se comiera un pedazo de sus sesos 'en vivo'. Participó en un buen puñado de películas, probando suerte en diferentes géneros pero, para bien o para mal, siempre se le recordará por esa vertiente oscura e inquietante, esa capacidad de asustar que ponía en guardia al personal nada más aparecer en pantalla. Seguro que Ray Liotta era, en su vida ordinaria, un tipo legal. Sin embargo, cuando le veías sonreír desde la sala oscura, sabías que terribles acontecimientos estaban por llegar. Normalmente no defraudaba. Solo por eso debemos darle las gracias y volver a ver un par de sus películas.