• José Ignacio Delgado

Piedra, metal, agua


Mi deambular por la ciudad en que vivo, desordenado y azaroso, es tanto un acto físico como espiritual. Sé que el lugar donde me detengo se llama Plaza de la Rinconada. Sé que su historia se pierde en un lejano Medievo. Sé que fue arrasado por un incendio y reconstruido en tiempos de Felipe II. También sé que, durante decenios, aquí se vendía el pescado que abastecía la ciudad.


No hace mucho, se contrató a un arquitecto para diseñar este espacio urbano desde cero. Imagino al político de turno deslumbrado por su propia visión. Instalaron unos colosos para sostener la nueva fuente en permanente tensión de piedra, metal y agua. Sin embargo, yo no tengo claro su simbolismo: ¿son dioses, hombres o monstruos? En cualquier caso, no he podido evitar la evocación de uno de los mitos terribles de la antigua Grecia. Albert Camus, en su ensayo, lo expresa así:


"Los dioses habían condenado a Sísifo a empujar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña, desde donde la piedra volvería a caer por su propio peso. Habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza."


Capas de tiempo superpuestas, muda cacofonía de incontables voces que pasaron antes por aquí. Sigo mi camino.


Estampas urbanas: "Tensión de piedra, metal y agua"

Plaza de la Rinconada (Valladolid) - febrero 2020.

© de imagen y texto (excepto la cita de Camus) 2020 José Ignacio Delgado