• Teresa Ramos

Gritos Humanos

Comentario en torno a la exposición de Antonio Macías


La calurosa tarde del martes, después de terminar el revelador libro “En presencia de Battiato” de Eduardo Laporte (Ed. Silex, 2022), en ese estado de vacío que queda cuando terminas de leer una historia que te ha llevado lejos, bajo un calor que obliga a arrastrar los pies hasta la ducha no sin antes abrir el frigo e intentar introducir un trocito del cuerpo y refrescarte; exactamente a las 18:08 horas (momento en que sonó una alarma del teléfono) tomé la atrevida decisión de salir a la calle e ir lo más rápido a un rincón favorito y fresco cerca de mi casa, el Museo de Arte Africano Arellano Alonso de la Uva, en el Palacio de Santa Cruz.

Y es que en la cuestión de “buscar frescura” prefiero estar rodeada de Arte que deambulando sin rumbo por el supermercado cerca de la sección de yogures. Si bien la siempre perfecta colocación evoca admiración por un trabajo bien hecho, tal vez como las obras de arte.

Dentro del museo subo al espacio, llamado sala de San Ambrosio, donde se expone una fascinante colección de piezas de un lugar llamado “Reino de Oku”, un lugar que existe en la (digo “la” porque sospecho que África es femenina) África subsahariana, al noroeste de Camerún, una sociedad que se rige por sociedades secretas que visten con máscaras que ocupan no solo su rostro sino su cabeza entera.

Y ahí, bajo el frescor del aire acondicionado, no puedo quitar ojo a los atuendos de una cultura que seguramente nunca llegaré a entender con la mente pero que late en el corazón cuando imagino a sus habitantes danzando rituales misteriosos con significados mágicos, de fuerza, sanación o equilibrios, cuyas máscaras susurran acciones y hablan por sí mismas.

Caminando aún hechizada por la ensoñación del instante, subo las escaleras en busca de otras piezas, cuando me encuentro con una serie de sorprendentes fotografías. Retratos de personas expresando a través de un ¡grito!. Imágenes vivas mostrando una acción viviente, y es que gritar provoca catarsis y su escucha inquietud. ¿Qué querrá expresar cada persona retratada? Todas y cada una de ellas rescatan sensaciones internas, hablan de nosotros.


Antonio Macías, su autor, ha retocado cada fotografía bajo un sensible tratamiento lleno de texturas reforzando cada acción, tal vez el artista conoce el secreto de alguna energía invisible que trata de emerger de cada imagen cuando las miras de frente. La magia del diálogo entre la obra de arte y el espectador. Una magia que espontáneamente se potencia por la fuerza del Grito del colectivo humano. Tal vez la misma fuerza de los habitantes del Reino de Oku cuando se exponen con sus máscaras rituales.



Son exactamente las 00:16 horas de una noche de luna llena de verano cuando termino de escribir inspirada en el interesante encuentro con la muestra de Antonio Macías (no os la perdáis) de la que brota una espontánea empatía por unirme al Grito colectivo: ¡¡¡aaaauuuuuuuuuuuuuuuuu!!!


“Gritos”, exposición de Fotografía de Antonio Macías

Hasta el 18 de septiembre 2022

Museo de Arte Africano Arellano Alonso | Palacio de Santa Cruz en Valladolid

Entrada gratuita