• José Ignacio Delgado

"Los Perdonados"

Siempre nos quedará Ralph Fiennes

Afirmar que el cine mainstream es hoy un desierto de creatividad, fatalmente obsesionado por no traspasar los límites de lo políticamente correcto, puede parecer una obviedad. Solo necesito consultar la lista de estrenos que, salvo excepciones (gracias, Cronenberg...), apenas consigue despertar mi interés. Sin embargo reconozco que soy sensible al poder de atracción de algunos actores, cuya sola presencia me mueve a gastar el tiempo frente a una pantalla. Es el caso de "Los Perdonados", por lo demás película perfectamente olvidable, donde coinciden dos auténticas bestias de la interpretación: Jessica Chastain y Ralph Fiennes. Supongo que habrá un montón de críticos que babearán por esta 'oscura y retorcida' historia de pareja en crisis que se adentra por los áridos paisajes del Norte de África -marco donde suelen quedar muy bien fotografiados los conflictos existenciales-. Sin embargo resulta más que evidente que John Michael McDonagh no es Bertolucci. Y aunque la 'intrahistoria' puede tener su interés, todo el tinglado que la envuelve es demasiado tópico y superficial, casi caricaturesco, para despertar mi empatía. Por ejemplo la crítica -tan reiterada, tan cansina- a la opulenta y decadente sociedad occidental en contraste con la pureza espiritual de los sirvientes marroquíes (casi se agradece el lapo con que uno de ellos aliña el Gin-Tonic de un invitado). El retrato que se hace de los dueños del casoplón en medio del desierto produce igualmente hastío, pues no es más que una acumulación de 'lugares comunes' en el retrato de parejas gay, ya mil veces visto en todo tipo de producciones. O el poco creíble ambiente fiestero (¿Sorrentino...?), donde no faltan aristócratas octogenarios montándoselo con mozas casi púberes a ritmo, creo, de reguetón. Partiendo de posiciones tan evidentes, es casi comprensible la inicial indiferencia que el personaje de Fiennes siente por la víctima del atropello del que es responsable. Su preocupación parece estar más en las posibles consecuencias 'burocráticas'', y la de sus amigos en que el suceso no les 'agüe la fiesta' (desprecio al valor de la vida en el tercer mundo, otro tópico). Menos mal que el homicidio da pábulo al protagonista para un liberador viaje de expiación donde, finalmente, 'verá la luz' gracias al padre del finado, una especie de gangster bereber, filósofo y políglota.


Nada más comentaré de una película muy bien fotografiada y con cierto 'empaque', salvo que hubiera estado bien que se ahondara en el tema de los fósiles y los mares remotos que en un tiempo cubrieron el Sahara. Chastain está y cumple sin demasiada convicción. En cuanto a Ralph Fiennes, es el motivo por el que he aguantado el pretencioso tostón hasta el final. Su intensidad y su presencia, sus silencios y miradas, sus continuas borracheras (o más bien, su ininterrumpida y lúcida melopea) justifican el esfuerzo. El tipo es muy grande incluso en películas fallidas. Sin duda, uno de los mejores actores de nuestro tiempo.