• José Ignacio Delgado

Noche de luna

Esta ensoñación la viví un atardecer junto al castillo de Portillo (Valladolid).

"El caballero pierde la mirada en la verde oscuridad que se extiende a sus pies. La luna argenta levemente la planicie, y él reflexiona (no por vez primera) sobre la naturaleza de ese cuerpo celeste cuyos ciclos, a decir de los astrónomos árabes, regulan el nivel de los océanos. Oculto en la sombra, un monje musita su letanía mientras acaricia las cuentas de un rosario que inicia y concluye su propio ciclo en una sencilla cruz. No es tampoco la primera vez que el militar y el religioso comparten noches en vela: vísperas de sangrientas escaramuzas para recuperar los territorios ocupados por el Sur. Banderas ondeantes y armaduras cinceladas por orfebres de Toledo, centelleando al sol. Plumas multicolores serpenteando tras los yelmos. Gritos de agonía y el nauseabundo olor de los cuerpos, anticipando mendigos que han de exhibir sus ausentes miembros en las puertas de las iglesias. Famélicas jaurías que aglutinan niños huérfanos... El caballero vertió mucha sangre antes de comprender la verdadera naturaleza de la guerra, y cuando arrojó los gallardetes conquistados (lunas teñidas de carmesí) a los pies de su rey, acaso intuía que tal gesto profetizaba la propia derrota.

Ahora, un escalofrío sacude a la figura que se recorta en lo alto del castillo contra el cielo nocturno. Pero él ya no volverá al abrigo de la celda: pronto el sol ocupará su espacio en el cielo. Una alondra ensaya su canto, y es la señal para que todo alrededor cobre movimiento. Gimen los portones sobre oxidados goznes; estrépito de monturas entrando por el patio, cacofonía de soeces gritos y pasos retumbantes subiendo la escalinata. Una recia voz proclama:

-¡Señor Condestable Don Álvaro de Luna! ¡Como reo acusado de traición a vuestro rey, hoy seréis trasladado a Valladolid!

Luego, todo se funde en una borrosa secuencia: el simulacro de juicio que representan los traidores; la vil ejecución pública y el cuerpo decapitado; la vergonzante exposición en la Plaza Mayor.

Aún durante varias noches habrá de contemplar la luna el rostro exánime de su mejor caballero".


Nota al pie:

El condestable de Castilla Don Álvaro de Luna fue ejecutado el 2 de junio de 1453 en Valladolid.

Había sido acusado, falsamente, de traición.

Pasó su última noche en la fortaleza de Portillo, a cuyos pies hoy se extiende un mar de pinares.


©2021 José Ignacio Delgado para Las ciudades invisibles