• José Ignacio Delgado

Phoebe

De sirenita a musa de Chanel.


Recuerdo con un deje de nostalgia los tiempos en que me acomodaba en el sofá junto a mi hija para seguir en la pantalla las aventuras de tres sirenas en Australia. Una serie infantil (o no tanto), tan previsible como confortable, cuyo principal atractivo eran los cotidianos esfuerzos de sus adorables protagonistas por compatibilizar su doble condición de míticas criaturas marinas y niñas de clase media-alta en Gold Coast. Aquella serie (H2O: Just Add Water), se convirtió en un fenómeno que ubicó a las jóvenes actrices en un lugar de privilegio, gracias a que sus rostros llegaron a ser reconocibles en medio planeta Tierra.


De las tres sirenas (cuatro en realidad si contamos alguna sustitución), la que más nos gustaba era Cleo (Phoebe Tonkin). Acaso porque era la más tímida y reflexiva, o por ser la única no rubia en aquella especie de paraíso de las mechas (California austral), o porque su físico, en fin, era más 'inteligente'. Creo recordar además que su personaje era huérfano de madre. Aportaba así un toque de leve oscuridad en medio de tal explosión colorista y deliciosamente banal. Tras el final de H2O, la Phoebe adolescente se embarcó en otros proyectos televisivos donde su tipo encajaba a la perfección en la moda de los vampiros millenialls que iniciara la saga Crepúsculo: ojeras, delgadez extrema, cierto desaliño indumentario, búsqueda de dietas alternativas... También apareció en alguna película poco memorable y en algún videoclip musical, cultivando la imagen de 'soy una estrella en ciernes aunque en realidad no me importa demasiado'. Entrevistas a tutiplén, miles de fotografías sacando partido a su magnética belleza, y muchos kilómetros de alfombra roja. Como complemento al show business, colaboraciones con marcas de moda, portadas en revistas, y una cierta conciencia ecológica-trendy de la que van dando fe sus publicaciones en Instagram (50 millones de seguidores). Aprovechando el parón de la pandemia, ha lanzado su propia línea de ropa que vende por Internet. Y así, nuestra pequeña sirena ha cumplido la treintena definitivamente instalada entre los más prósperos terrícolas. Confieso mi decepción por que no fuera incluida en el casting de "Aquaman", aunque debe ser muy duro competir con ese bello y temible escualo de nombre Amber Heard.


Desde hace unos años, Phoebe es 'embajadora' de Chanel. Lo veo un acierto por parte de la mítica casa parisina. Con esta elección, abre brecha (en la estela de lo que ya hiciera Gucci) entre la juventud pijo-woke que sabe hacer compatibles las lentejuelas cosidas en Sri Lanka con la sostenibilidad del planeta. Por su parte Phoebe (y esto es lo que realmente me interesa) ha encontrado un escaparate personal y muy reconocible desde el que proyectar una imagen de madurez y sofisticación en tanto llega algún proyecto relevante donde poner a prueba su talento como actriz. Personalmente, encuentro muy atractiva su mirada subacuática y esa media sonrisa en la que asoma un mohín de escepticismo. También ese aire entre indolente y chic con que lleva la ropa y accesorios de la casa fundada por Coco hace más de un siglo. La vida de sirena de Phoebe sigue un curso de lo más interesante: del Océano Austral a la tierra prometida y de ahí, supongo, al Map to the Stars que diría mi venerado Cronenberg. Tengo que preguntar a mi hija su opinión al respecto...