• Cascanueces

Savall, cine, belleza...


No podría resumir en unas pocas líneas la influencia sobre mi forma de entender la música, o los muchos momentos de emociones y placer que me ha deparado el trabajo de Jordi Savall. Como no soy ni musicólogo, ni crítico, ni siquiera experto, me limito a expresar el sentimiento y admiración que me produce su excelsa música, plasmada en innumerables grabaciones y tantos conmovedores conciertos. No obstante, Savall siempre será reconocido por su incansable búsqueda en la divulgación de aquellas obras y autores que, desde el Medievo hasta el Barroco, y en culturas tan diversas como la sefardí, andalusí, americana, europea, han deambulado por ese incierto terreno que hoy se conoce como Música Antigua. Virtuoso de la viola en sus diversas formas primigenias, fundador entre otras agrupaciones del prestigioso ensemble Hesperion XXI, cuenta entre sus discos con auténticas joyas que, al tiempo que nos enriquecen con su belleza, ilustran sobre cómo pudo sonar un entretenimiento en la corte de Carlos I o en el Versalles del Rey Sol, evocan la música en tiempos de Velázquez o Cervantes, o los cantos de los judíos desperdigados por la Europa de la Diáspora... .En cuanto a su relación con el cine, no puedo por menos que recordar la banda sonora de aquella exquisita historia de título Tous les matins du monde (1991, Alain Corneau) donde se narraba de forma muy lírica la confrontación entre los compositores Marin Marais y Monsieur de Sainte-Colombe, música que premiada con un César en Francia. Me viene también a la memoria la sorpresa feliz que supuso, para quien esto escribe, encontrar una pieza interpretada por él en Personal Shopper (2016, Olivier Assayas), triste historia de fantasmas que nos descubre a una fascinante Kristen Stewart al parecer ya liberada de sus instintos como vampiro millennial. El tema en cuestión, "Si Ay Perdut Mon Saber", pertenece a la grabación El Reino Perdido -La tragedia de los cátaros- (2004), que se detiene sobre el arte de aquella comunidad cristiana del siglo once a la que la intransigencia condenó a una violenta desaparición y al olvido. La conmovedora música salva el abismo de los siglos y demuestra una vez más, cómo el verdadero arte no entiende de fronteras, ideologías o lenguajes artísticos.


Gracias, Maestro Savall, por regalarnos tanta belleza.