• Cascanueces

Termas romanas de Campo Valdés

Un tesoro arqueológico en la Playa de San Lorenzo.

Tránsito Campo Valdés, 1 - 33201 Gijón.

Localización


(Imagen: "Pilares" -Eneka Fernández-. Termas romanas de C. Valdés. Primer premio concurso Arqueofoto 2020)


Hacíamos referencia en una anterior entrada a la maravillosa ubicación de nuestra tienda Cascanueces en la ciudad de Gijón. Y si bien es indiscutible el privilegio de un enclave frente a la Playa de San Lorenzo, no es menor el de su hermana en Valladolid, junto a uno de los laterales de la célebre "catedral inacabada", y en León en pleno corazón del Barrio Húmedo. Comparten pues nuestros locales su afortunada localización en tres ciudades tan repletas de tesoros, que estas breves reseñas bien podrían prolongarse por muchos años sin apenas haber arañado la historia de sus mágicas vecindades.


Hoy nos referimos al lugar que hace dos milenios levantaron los romanos en uno de los extremos de la referida Playa de San Lorenzo: las Termas de Campo Valdés. Declaradas como Bien de interés cultural en 1987, fueron descubiertas de forma accidental a principios del S. XX durante unas excavaciones para la construcción del alcantarillado. Junto a los restos de la muralla y de la fábrica de salazones, son el testimonio en piedra de la ciudad más importante que Roma levantó a orillas del Cantábrico. Es interesante recordar la importancia que aquel pueblo de civilizadores confería a los baños públicos, que además de su nominal función sanitaria y lúdica, era uno de los lugares de encuentro preferidos por los ciudadanos. Sorprende asimismo el grado de sofisticación que llegó a alcanzar su ingeniería, con logros y soluciones de tal calidad que han sido capaces de sobrevivir por espacio de veinte siglos en muchas de las actuales ciudades europeas. Y es que la pax romana, que permitió extender el dominio e influencia de Roma hasta los mismos confines del continente, exportó también sus avanzados conocimientos en los más variados ámbitos.


Las Termas de Campo Valdés son, en consecuencia, una cita obligada para los visitantes a quienes interese el ancestral origen de la ciudad de Gijón. Un silente paseo subterráneo donde el tiempo parece suspendido, y que contrasta poderosamente con el fulgor lumínico de la playa y el omnipresente rumor del Cantábrico.