• Teresa Ramos

Tikal

… Caminaba y caminaba sin descanso, hacía mucho calor, no podía ver el cielo entre las hojas, la imagen se velaba y respiraba a bocanadas. La humedad empapaba mi cuerpo, no podía parar, pero quería parar. Me habían hablado de un sitio, estaba por allí, no podía verlo, pero deseaba encontrarlo. Sé que estaba, lo intuía, quería llegar, llegar cuanto antes. La prisa me fatigaba. Todo era impenetrable. El viento despejaba las hojas como nunca antes había visto, las mecía acorde a la danza de una canción de cuna, mirarlas aliviaba el ritmo, era un viento que te acariciaba la piel con suavidad y susurraba sonidos que cosquilleaban mis oídos. La inercia del movimiento seguía por su cuenta, como si no contara conmigo. A ratos cerraba los ojos y poco a poco aunque quería llegar, ya no me importaba mucho, y aunque quería frenar, tampoco me importaba mucho. Lo importante se diluía en la inmovilidad flotante, solo los ojos cerrados descansaban de la luz. No sé cuánto tiempo pasé en ese estado, ¿un breve soplo del viento? Tal vez el viento dilataba el tiempo, tal vez el deseo voló y me rendí al instante, no lo sé, solo sé que cuando abrí los ojos, allí se asomaba la pirámide, como una extensión de la selva. Tikal me esperaba …